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Dejando el gran Coliseo a nuestras espaldas nos dirigimos hacia el Foro Romano caminando sobre la milenaria Via Sacra y nos encontramos de frente a un gran arco que es observado diariamente por miles y miles de personas mientras permanece impasible al paso del tiempo. Se trata del Arco de Tito, un monumento que, de nuevo, nos muestra la belleza y practicidad de la arquitectura romana pero, además, nos narra una historia que todavía hoy es recordada por muchos.
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Como sabemos, los arcos fueron un gran avance para la ingeniería debido a la capacidad que otorgaban para soportar peso a la vez que transmitían una sensación de ligereza nunca antes conocida. Fue sin duda un gran avance. Sin embargo, también tenían otros usos como es el caso de los arcos del triunfo, los cuales eran erigidos para conmemorar las gestas y victorias de un personaje ilustre, generalmente un emperador.
El Arco de Tito en concreto fue levantado por el último emperador de la Dinastía Flavia, Domiciano – famoso por las construcciones llevadas a cabo durante su mandato, como la Domus Augustea del Palatino e hijo de Vespasiano, quien comenzó la obra del Coliseo – en honor a su hermano Tito, el cual había sido emperador durante un breve periodo entre el año 79 y el 81 d.C. Aunque no se conoce exactamente el año, se sabe que el arco, revestido de mármol, fue erigido tras la muerte del mismo, probablemente alrededor del 82 d.C., y en sus relieves se narra el sitio de Jerusalén y la destrucción del templo de Salomón del año 70 d.C.
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Sin duda, esta era una buena propaganda política ya que el ejército romano, dirigido por el futuro emperador Tito logró conquistar la ciudad siendo este un acontecimiento decisivo en la Primera Guerra judeo – romana, especialmente si tenemos en cuenta que todavía hoy podemos ver la estructura y todo lo que en ella se relata para que nos hagamos una idea de la grandeza del Imperio Romano y de la gran victoria del segundo emperador de la famosa, y breve a la vez, Dinastía Flavia, como por ejemplo podemos apreciar en un detalle de la parte interior del arco en el que se aprecia al ejército romano en procesión tras la victoria con los tesoros expoliados de la ciudad. Asimismo, es curioso que la destrucción del templo de Jerusalén, pese a que han pasado casi dos mil años, es aún lamentada anualmente mediante el ayuno durante la festividad judía Tisha b’Av.
Pero, lo más curioso es la reciente noticia del descubrimiento de un segundo arco dedicado al emperador Tito, esta vez, en la zona de las gradas del Circo Máximo, a menos de un kilómetro del arco anterior. Este segundo arco, todavía más grandioso, al parecer conmemora la Gran Revuelta de los judíos, es decir, de nuevo la Guerra judeo-romana en la que tuvo lugar la batalla de Jerusalén, lo que, según los investigadores demuestra el tenso clima político de la Roma del siglo I d.C. así como el gran aparato propagandístico elaborado por estos dirigentes, como es el caso de Domiciano, el cual aprovechaba lugares tan emblemáticos y concurridos como el Circo Máximo para jactarse de sus victorias y las de sus predecesores y la situación de la ciudad para desplegar una gran empresa constructiva, ya que no hay que olvidar que gran parte de la urbe había sido destruida tras el incendio del año 64 d.C.
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Pero, ¿por qué se erigieron dos arcos en honor al mismo emperador? ¿había algo más detrás de la propaganda política?
Todavía quedan cuestiones pendientes y mucha investigación por delante para lograr acercarnos más a la Roma del Imperio pero lo que sí que sabemos seguro es que el Arco de Tito que corona el Foro Romano es digno de ver y de admirar en nuestro recorrido por la Ciudad Eterna. Del mismo modo, cuando paséis por el Circo Máximo acordaos de fijaros bien en la zona excavada, allí abajo se encuentra la base del segundo arco de Tito que tantos misterios puede revelarnos.
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